El sexto día de viaje comenzó temprano para Gaby que fue a recorrer la preciosa Casa de la Pedrera. La Pedrera es probablemente uno de los edificios de la época modernista más conocidos en todo el mundo y una de las obras de mayor importancia del arquitecto Antoni Gaudí. Un continente que se convierte en una obra de arte en sí mismo. Su singularidad y su valor patrimonial y artístico quedan ampliamente acreditados con su inclusión en el Catálogo del Patrimonio Artístico de la Ciudad de Barcelona, en 1962; con la declaración de Monumento Historicoartístico de Interés Nacional por parte del Gobierno español, el año 1969, o con la inscripción, por parte de la UNESCO, como Bien Cultural del Patrimonio Mundial, en 1984, por su valor universal excepcional.

Construida en 1912 por Roser Segimon y Pere Milà, el edificio se construyó como dos bloques de viviendas, con accesos independientes, intercomunicados por dos grandes patios interiores y con una sinuosa fachada común que transmite el ritmo interior. Se divide en nueve niveles: sótano, planta baja, entresuelo, piso principal, cuatro pisos superiores, y el ático. La planta baja actúa como el garaje, el entresuelo para el acceso, la planta principal para la familia, y los pisos superiores para alquilar. En la azotea se encuentra la famosa terraza escultórica.

Estructuralmente, el edificio se divide entre la estructura y la piel. La fachada de piedra no tiene ninguna función de soporte de carga. Las vigas de acero con la misma curvatura soportan el peso de la fachada uniéndola a la estructura. Esto le permitió a Gaudí diseñar la fachada sin limitaciones estructurales, y en última instancia permitió su concepción de una fachada continua curva. La estructura que soporta el techo, también, permite una geometría orgánica. Compuesta por 270 arcos parabólicos o catenarios de ladrillo de altura variable, según la crujía, una especie de estructura de "columna vertebral torácica" que crea una topografía variada por encima de ella.

Como muchas otras obras promovidas por la burguesía catalana, la Casa Milà de Barcelona debía tener una planta baja dedicada a tiendas, una planta noble que sería la utilizada por la familia propietaria del edificio y otras plantas que serían arrendadas en régimen de alquiler y cuyas rentas debían ayudar en la conservación del edificio. Curiosamente, más de 100 años después, algunas de las viviendas de estas plantas siguen arrendadas a diferentes inquilinos que tienen la posibilidad de vivir en tan insigne edificio.

Desde hace unos cuantos años, la Pedrera de Barcelona se puede visitar. Ello permite, no solo conocer como era una de las plantas nobles del edificio, si no también subir a la azotea. Para llegar a ella hay que pasar por un bellísimo vestíbulo que se localiza a cielo abierto, justo en uno de los dos patios interiores alrededor de los cuales se estructura La Pedrera. Una exquisita escalera lleva al espacio del primer piso dedicado a las exposiciones temporales, mientras un ascensor situado al lado de la tienda sube hasta el desván. Desde el desván, unas últimas escaleras llevan hasta la azotea de la Casa Milà.

La visita arranca en la terraza, que es el punto más espectacular del edificio, gracias a que Gaudí adaptó todas las formas necesarias, como las chimeneas y salidas de aire, a su estilo orgánico inspirado en la naturaleza. Gaudí se había fijado en que estos elementos, comunes a todas las terrazas, que eran feos y funcionales, y quiso hacer arte donde nadie lo había hecho antes.

Estas chimeneas recuerdan cabezas de guerrero que protegen los “badalots” o cajas de escalera, así como las torres de ventilación a bellos hongos salidos de Alicia en el pais de las maravillas. El paisaje general del espacio presenta formas dinámicas y simbólicas de libre interpretación, que se corresponden con una función utilitaria preconcebida. Algunos son tratados con trencadís de cerámica (los fragmentos cerámicos unidos con argamasa que ya vimos en otras obras de Gaudí), piedra, mármol y vidrio.

La terraza tiene muchos desniveles y escalones. En la época en que se construyó La Pedrera era extraño un edificio que no tuviera formas rectas. Podemos pensar, que como el modernismo se inspira en la naturaleza, Gaudí quería representar el edificio como una montaña. Ya se ha comparado anteriormente a la Pedrera con la montaña de Montserrat, y que Gaudí se inspiró en ella. Los arcos que hay en la terraza estaban calculados al milímetro. Tanto es así que podemos ver la Sagrada Familia, otra obra de Gaudí enmarcada perfectamente en uno de estos arcos. En el otro arco encontramos enmarcada la iglesia del Sagrat Cor Del Tibidabo.

Luego de la terraza, se desciende al nivel inferior, donde hay una completa serie de maquetas que muestran los diferentes trabajos de Gaudí, y una serie de habitaciones decoradas como cuando se inauguró el edificio. Pero empecemos primero por el desvan o Espai Gaudí.

El Espai Gaudí, una exposición donde encontramos maquetas, mobiliario y explicaciones de la obra del arquitecto. Pero no siempre fue así. Anteriormente en esta zona se encontraban los tendederos y lavadero de las viviendas. Está formado por arcos de ladrillo de varias alturas, en total hay 270 arcos en el desván de la Pedrera, cada uno de una altura y tamaño diferente. Estas formas desiguales hacen imaginar que los arcos, en vez de ser ladrillo inerte, formaban parte de un ser vivo. Podían ser las costillas de un dragón y que uno está dentro.

Este centro de interpretación sobre la vida y la obra del arquitecto compagina, con rigor técnico y carácter divulgativo, la arquitectura gaudiniana. El proyecto de montaje tiene la doble intención de potenciar los elementos más característicos de la obra original del maestro y de organizar la circulación de los visitantes en un espacio complejo que no fue proyectado para alojar un museo. Vitrinas, expositores y pantallas de proyección responden a un criterio común de ligereza que minimiza volúmenes y texturas. Las grabaciones de los edificios de Gaudí se proyectan en soportes de cristal pulido a chorro de arena. Todos los elementos se presentan como cuerpos aislados que nunca entran en contacto con los arcos.

La muestra permanente repasan la biografía del arquitecto; acontecimientos coetáneos a su vida como el plan Cerdà, la primera guerra mundial o el impresionismo; la importancia de la naturaleza; sus obras emblemáticas como el Parc Güell, la Casa Batlló o la Sagrada Família explicadas mediante audiovisuales, planos y maquetas, así como otras menos populares como las Bodegues Güell, la Casa Calvet, la Torre de Bellesguard, o el Colegio de las Teresianas.

En el Espai Gaudí podemos ver varios objetos inspiradores de sus obras y que forman parte del entendimiento de este creador. Tambien destaca una gran araña hecha por cadenas y que se refleja sobre un espejo.

Tambien se puede ver una colección del mobiliario creado por el arquitecto reusense. La realización de mobiliario por arquitectos era algo común entre finales del siglo XIX y XX. Gaudí, como por ejemplo Victor Horta o Mies Van der Rohe, no encontraban muebles adaptados a su nueva arquitectura, por lo que los acababan realizando ellos mismos. Por otro lado, Gaudí, como los arquitectos Nouveau, entendía la arquitectura como un todo, elementos exteriores e interiores.

Tras la visita al desván bajamos a una de las plantas de la Casa Milà que está acondicionada tan y como era en los tiempos en que la burguesía catalana vivía en este tipo de apartamentos. Es la cuarta planta la que se ha acondicionado para las visitas. En esta cuarta planta del edificio se ha intentado recrear como sería la vida doméstica de aquellas familias. Para ello, se ha acondicionado el piso haciendo uso del mobiliario de la época.

Los pisos de viviendas fueron diseñados por Gaudí de tal forma que pudiesen amoldarse fácilmente a las necesidades de los inquilinos, ya que al no tener muros de carga los espacios son intercambiables y adaptables. Así, todas las plantas y casi todos los pisos presentan estructuras diferentes, que han ido evolucionando con el paso del tiempo: por ejemplo, el piso principal, la vivienda del matrimonio Milà, fue posteriormente una oficina, luego un bingo y actualmente es una sala de exposiciones.

Como contaba la casa Milá empezó a construirse en 1906. En 1911 llegaron los primeros inquilinos, en un momento en que Barcelona despegaba hacia la modernidad. La burguesía introducía rápidamente en sus hogares los signos de contemporaneidad, como el teléfono, los baños con agua caliente y la cocina de gas. Estos rasgos de modernidad son los que reproduce el Piso de la Pedrera situado en la cuarta planta donde ocupa las puertas primera y segunda.

La antigua vivienda ha sido decorada teniendo en cuenta que coexistieron en una misma casa diferentes estilos. Junto a piezas modernistas, hay mobiliario isabelino y de estilo imperio. Para conseguir los muebles y las telas se ha recurrido a anticuarios y a mercadillos de segunda mano. Hasta el papel higiénico de los servicios es original.

El piso también permite conocer cómo era la distribución interior, así como ver de cerca los elementos ornamentales diseñados por Gaudí (pomos, tiradores, molduras, puertas, pavimentos).Nos va a ser casi imposible encontrar algún ángulo recto en el interior de este piso, donde destacan los altos techos y que pocas habitaciones tienen cuatro paredes.

Ya regresada Gaby de la visita a la Pedrera salimos todos juntos rumbo a nuestro próximo destino. Para ello nos tomamos el subte línea L5 en estación Diagonal y nos bajamos en Sagrada Familia....si, le tocaba visita a esta imponente obra. Pero antes había que reponer energías con un almuerzo.

En la Av. del Gaudí, una diagonal semi peatonalizada que nace en la Sagrada Familia encontramos un pequeño restaurante llamado Inter tapas. Aprovechamos para probar algunas tapitas con algun pescadito a la plancha para Benito, bien rodeado de mojitos y cerveza Corsendonk Agnus, una triple belga de abadía de triple fermentación.

Ya con la panza llena comenzamos la cola para tomar nuestros tickets, bien sacados antes por internet, para el ingreso a este templo maravilloso llamado Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Antes de comenzar la recorrida aprobecho para reforzar el concepto de sacar los tickets antes. La cola era larguísima para los que querían tickets en el momento y no tenían asegurado el ingreso. La cantidad de gente que ingresa cada 45 minutos está restringida, por ende, los que ya compraron el ticket por internet tienen prioridad. Otra cosa a tener en cuenta es que si bien la cantidad de gente que puede ingresar por turno está restringida, el tiempo que pueden permanecer no, con lo que si no tienes entrada previa tienes que esperar a que haya turno libre y que no se vaya la gente que ya está adentro, todo un problema.

La Sagrada Familia es el emblema de la ciudad condal y protagonista en casi todos sus miradores. a historia de la Sagrada Familia se compone de cinco etapas principales que abarcan desde los inicios de su construcción hasta nuestros días. Para remontarnos a sus orígenes tendríamos que viajar hasta el año 1866, cuando Josep Maria Bocaballa i Vedaguer creó la Asociación Espiritual de Devotos de San José. Fue dicha asociación la que promovió la creación de un templo dedicado a la Sagrada Familia, comenzándose su construcción en 1882 bajo el diseño de Francisco de Paula del Villar y Lozano, primer arquitecto del edificio. Pero al poco de comenzar, Francisco de Paula abandonó el encargó, siendo el gran Antoni Gaudí su sustituto.

Ya bajo órdenes del padre del Modernismo catalán, se terminó la cripta en el año 1889. Pero tras recibir un donativo anónimo de gran valor, Gaudí decidió modificar el diseño inicial, cambiándolo por uno mucho más ambicioso y colosal. Cuando Antoni Gaudí falleció en 1926, sólo se había terminado el campanario de San Bernabé y la dirección del proyecto pasó a manos de Domènec Sugrañes, uno de sus colaboradores. Pero este no sería el único revés que sufriría la construcción de la iglesia. En 1936, en plena Guerra Civil, la mayor parte de la obra fue quemada y derruida a manos de revolucionarios radicales. Terminada la Guerra, las obras se retoman, esta vez bajo el mando de Francesc de Paula Quintana i Vidal, otro de los discípulos de Gaudí. A él le siguieron Isidre Puig-Boada y Lluís Bonet i Gari, también colaboradores del maestro modernista, que dirigieron el proyecto hasta el año 1983. Desde entonces, Francesc de Paula Cardoner i Blanch, Jordi Bonet i Armengol y Jordi Fauli i Oller han estado a cargo del proyecto, siendo este último el director actual. En los últimos años los avances han sido más que significativos y da la sensación de que dentro de no muchos años, se hará por fin realidad el deseo popular de la ciudad de Barcelona, ver su Sagrada Familia terminada.Según el proyecto actual, el templo estará terminado en el año 2026, sumando así un total de 144 años en su construcción.

La Sagrada Familia cuenta tiene dos fachadas bien diferenciadas, la Fachada del Nacimiento y la Fachada de la Pasión. Nosotros ingresamos por la Fachada del Nacimiento y es la primera que nos regocijó con su imponente arquitectura. Hay una tercera fachada que está en plena construcción y que se estima esté terminada para 2022 que es la Fachada de la Gloria. La fachada de la Gloria será la más grande y monumental. Es la fachada principal, la que da acceso a la nave central. Las obras comenzaron en 2002. Dedicada a la Gloria celestial de Jesús, representa el camino ascensional a Dios: la Muerte, el Juicio Final y la Gloria, así como el Infierno, para todo aquel que se aparta del dictado de Dios.​ Gaudí esbozó tan sólo las líneas generales de esta fachada, ya que era consciente de que no la haría él en vida, sino los que continuasen su obra

La fachada del Nacimiento, también llamada de Levante, es la única construida en vida de Gaudí, continuando el proceso de construcción por esta puerta, porque tal como dijo él mismo: "si en lugar de hacer esta facha decorada, ornamentada, turgente, hubiese empezado por la de La Pasión, dura, pelada, como hecha con huesos, la gente se hubiese desanimado". Está situada en la calle Marina y tiene tres grandes portales, que de izquierda a derecha, son los dedicados a la esperanza, la caridad y la fe. Justamente al centro, sobre la puerta principal y entre las cuatro torres, se encuentra un ciprés que representa el árbol de la vida, coronado con una cruz en forma de T (Tau), simbolizando al Dios Padre, con unas diagonales encima en forma de X (Khi) que representa el símbolo del nombre de Cristo y finalmente una paloma con las alas abiertas en alusión al Espíritu Santo.

Ya ingresados y antes de comenzar la recorrida interior les pedí a Chesca y Gaby que suban a unas de las torres del Templo a hacer algunas fotos desde el aire. De las dieciocho torres que proyectó Gaudí para la basílica de la Sagrada Familia, actualmente ocho están construidas, cuatro en la fachada del Nacimiento y cuatro en la fachada de la Pasión.

Las fachadas no se comunican y, por tanto, tienen accesos independientes. La subida a las torres se realiza únicamente en ascensor, uno en cada fachada. Las chicas eligieron la torre del Nacimiento y partieron en el horario sacado hacia el ascensor. No sólo son vistas de la ciudad lo que uno tiene desde allí arriba, sino también se puede apreciar la basílica desde una perspectiva diferente. Incluso uno puede supervisar el avance de la obra interminable.

Desde esta altura se puede apreciar las montañas y hasta el mar mediterraneo. Para el descenso no hay ascensor, sino que debe realizarse a pie, bajando los 400 escalones de una extremadamente angosta escalera de piedra en espiral. El principio la escalera es muy oscura, por lo que hay que ir pisando con mucho cuidado. A medida que se va bajando se empieza a hacer más luminosa pero, a la vez, más angosta y con un espiral más cerrado que hasta termina mareando. Allí se entiende por qué el ascenso está vedado para menores de 6 años y para personas con movilidad reducida.

Finalmente se llega al nivel del suelo y se sale de la escalera por una puerta medio escondida que da al interior de la iglesia

Con las chicas regresadas desde los cielos del templo comenzamos la recorrida por su interior. Gaudí concedió todo el protagonismo a los juegos de luces y a las grandes columnas cuyo volumen parece aún mayor gracias a la luz que entra por las claraboyas y los grandes ventanales. Las columnas recuerdan a los árboles de un bosque creando un juego de colores invita al rezo y a la oración. Este juego de colores no hubiera sido posible sin las manos sabías de Joan Vila Grau quien es el encargado de las vidrieras de la Sagrada Familia y que ha sabido crear “el templo de la luz armoniosa” que soñaba Gaudí.

En las primeras horas del día, gracias a que el sol entra por el este, en el interior del templo predominan los colores fríos, cediendo todo el protagonismo a los tonos verdes y azules; mientras que por las tardes los ocres y naranjas invaden la Sagrada familia para crear un clima cálido. En la parte central, los cristales transparentes permiten la entrada de una luz blanca y limpia que refleja la pureza e ilumina el templo hasta diluirse poco a poco entre los colores de la naturaleza para convertirse finalmente en una luz más oscura en la parte inferior e imitar el efecto del sol en un bosque. Por ello, no hay ni una sola línea recta en el interior de la Sagrada Familia, todo está construido imitando la arquitectura de la naturaleza. Las columnas que sostienen el templo emulan árboles que se alzan del suelo al techo y cuya trayectoria de crecimiento está calculada aritméticamente.

La cripta se compone de siete capillas dedicadas a la Sagrada Familia de Jesús: San José, el Sagrado Corazón, la Inmaculada Concepción, San Joaquín, Santa Ana, San Juan y la capilla de Santa Isabel y San Zacarías. Tambien nos encontramos con el Altar Mayor realizado con un bloque de pórfido, procedente de Irán, desbastado por los laterales y pulido en la parte superior. Sobre el Altar, bajo el baldaquino de metal dorado en forma de heptágono de cinco metros de diámetro, del que cuelgan racimos de uva en vidrio, hojas de parra de cobre y espigas en madera blanca barnizada con clavos y cobre, con laterales forrados de pergamino y cubierta de tapiz, todo ello cubierto de pan de oro de 22 quilates, pende Cristo, obra del escultor Francesc Fajula. Antoni Gaudí, católico ferviente, solía decir: «Qué bonito es que el altar esté bajo una parra».

Terminada la recorrida por el interior salimos por la otra puerta que da a la Fachada de la Pasión.

La fachada de la Pasión es de reciente construcción. Se encuentra en la calle Cerdeña y está orientada a poniente. Representa la pasión y la muerte de Jesucristo. En concordancia con esta función, tiene una apariencia extraordinariamente desnuda y austera, con formas geométricas en arista. La forma un porche de seis columnas, con tres portales de entrada, de los cuales el central está dividido en dos por un mainel con los signos Alfa y Omega, situados entre los cuatro campanarios. Como la fachada del Nacimiento y la de la Gloria, los tres portales de la Pasión están dedicados a las tres virtudes teologales. La sobriedad de la fachada se manifiesta también por la presencia de columnas en forma d’huesos y las sobrias esculturas que han sido realizadas por Josep Maria Subirachs añadiendo dramatismo al ya triste diseño de Gaudí. El conjunto respeta el proyecto inicial de Gaudí con respecto a los trazos generales, pero los detalles están obviamente adaptados a la estética moderna. En este sentido, la iconografía muy simbólica de Subirachs representa una rotura total con el concepto figurativo de la fachada opuesta (del Nacimiento).

El pórtico consta de seis columnas inclinadas de fuera a dentro que sostienen una cornisa, que sobrevuela el pórtico, encima de la que corre una galería cubierta. La cubierta d’esta galería tiene más pendiente que la base y estará sustentada por un total de dieciocho columnitas. El pórtico tiene acceso al interior del templo a través de tres puertas que dan entrada al crucero constituyendo tres portales dedicados, como los de las otras fachadas, a las tres virtudes teologales. La puerta central está dividida en dos por un mainel central en que l’escultor Subirachs ha cincelado una Alfa y una Omega unidas. Todo el conjunto del pórtico es una espectacular escenificación escultórica de la Pasión y muerte de Jesús. Aquí, no se tuvo en cuenta el proyecto de Gaudí, puesto que no había llegado a un nivel de detalle suficiente y se optó por un planteamiento muy diferente, que representa una adaptación a los nuevos tiempos. Las representaciones esbozadas por Gaudí eran más bien horizontales y en cambio Subirachs ha desarrollado un nuevo criterio en que el relato esculpido sigue más bien una forma de S . También el escultor Subirachs se ha encargado de la realización de las puertas en bronce de esta fachada.

Para despedirnos y sacarnos las mejores fotos de esta monumental obra nos fuimos hasta la Plaza la Sagrada Familia, del otro lado de la calle Cerdeña. En el centro de la plaza se abre entre los árboles la imagen mas conocida que tenemos del Templo mas bonito que existe actualmente en el mundo. Un verdadero placer haberlo conocido.

Terminada la visita monumental todavía nos quedaban unas horas para seguir recorriendo y el plan era ir a dar una vuelta por la Barceloneta, la playa mas cercana al centro y que tiene sus costas bañadas por el mar mediterraneo. Lamentablemente apenas llegamos a la zona una tormenta espantosa nos bañó y nos hizo refugiar en el primer lugar donde pudimos hacerlo. Asi fue que decidimos tomar una merienda en el restaurante Pasa tapas donde comimos algunas tapitas con papas fritas y probé una deliciosa cerveza llamada Mesquina propia del lugar. Para completar el momento, al lado del restaurante se encontraba una famosa casa de pesca catalana (game fisher) con lo que aproveché y me crucé con Benito a realizar algunas compras fabulosas en el lugar. Cuando la lluvia amainó un poco y nos permitió salir al ruedo nuevamente cambiamos el plan inicial y comenzamos a recorrer la avenida Passeig de Colom. El paseo Colón fue el primer intento de conectar, con una gran avenida, laiciudad con el mar y fue inaugurado con motivo de la Exposición Universal del 1888. La celebración de los Juegos Olímpicos, en el año 1992, recuperó el litoral marítimo con nuevas playas y renovó la fachada marítima de la ciudad. Esta renovación comportó la continuación del paseo hasta el nuevo puerto olímpico y la construcción del Muelle de la Fusta, un agradable paseo con palmeras.

Uno de los primeros emblemasque vemos caminando por el Passeig de Colom es el Edificio de Correos y Telégrafo. Este proyecto fue realizado por Josep Goday i Casals y Jaume Torres i Grau con el objetivo de conseguir ganar el concurso en el que se pretendía proyectar el nuevo edificio de Correos de Barcelona, el cual fue construido en 1927. El edificio de Correos de Barcelona cuenta con ese mismo uso desde su creación. En la actualidad sigue siendo la oficina central de Correos de Barcelona, y es sin duda es uno de esos lugares que para no perdernos si damos un paseo por la zona. Esta mezcla de arquitectura modernista, unas escalinatas fantásticas, puertas giratorias clásicas, sus altos techos, columnas de mármol, bancos de madera, etc. Sin duda, cuando uno se encuentra en su interior es casi imposible no sentir la sensación de haber viajado al pasado.

Frente a este edificio en el medio de la plazoleta aparece la escultura La Cabeza de Barcelona o La Cara de Barcelona. Esta obra pertenece al artista gráfico estadounidense Roy Lichtenstein artista exponente del pop-art norteamericano y realizada por el escultor pacense Diego Delgado Rajado en los años 1991 y 1992. En aquellos años, la ciudad estaba experimentando un cambio radical en infraestructuras y decoración urbana para recibir los Juegos Olímpicos de 1992. La escultura está situada en el Paseo Colón, cerca del edificio de Correos y Telégrafos, perfectamente visible gracias a sus 15 metros de altura por 6 de ancho. La obra fue realizada con ocho piezas prefabricadas de piedra artificial, grapas de acero inoxidable y un revestimiento de cerámica que sumó 90 toneladas en total, pertenece a una serie de rostros titulada Brushstrokes (pinceladas). Está diseñada como unas grandes pinceladas que forman el rostro sobre un fondo de puntos cromáticos de rojo dispuestos en relieve y cubiertos con mosaico, como un homenaje del artista al modernismo catalán.

Unos 50 metros mas adelante aparece otra obra en escena, La Gamba del Mariscal. La Gamba o Gambrinus es una escultura de grandes proporciones diseñada por el español Javier Mariscal. Representa una cigala. La obra, inaugurada en 1989, empezó como un elemento de reclamo para uno de las varios restaurantes del Moll de la Fusta de Barcelona diseñado por el arquitecto Alfred Arribas, amigo de Mariscal. Cuando terminaron los eventos de los juegos, varios bares y restaurantes de la zona tuvieron que cerrar, incluyendo el restaurante que tenía la obra de Mariscal. Tras el cierre del local y varios litigios posteriores, la obra se quedó en el mismo lugar, como pertenencia del Ayuntamiento de Barcelona, y se convirtió en un símbolo popular de la remodelación que sufrió la zona costera barcelonesa poco antes de los Juegos Olímpicos del 92.

En el 14 de Passeig de Colom aparece otro edificio emblema, El edificio de la Capitanía General. De planta rectangular, las fachadas laterales dan a Simón Oller y Boltres y la posterior a la plaza y calle de Merced, donde conecta por un puente con la Basílica de la Merced, pues el edificio de Capitanía tienen su origen en un antiguo convento que la Orden de los Mercedarios levantó entre la iglesia y la Muralla de Mar. La construcción del convento se inició en 1605 bajo dirección de Jeronimo Santacana, pero las obras sufrieron varias interrupciones por problemas de financiación y se dilataron hasta 1653. En la decoración intervinieron Jaime Granger y los escultores José Ratés y Jaime Flor. De esta primitiva construcción hoy solo se conserva en estado original el claustro columnado. En el siglo XIX el convento fue objeto de las desamortizaciones y pasó a ser propiedad del Estado. Albergó brevemente una escuela y a partir de 1846 se destinó a usos militares. Sufrió importantes remodelaciones, primero para transformarlo en cuartel y posteriormente para convertirlo en sede de la Capitanía General de la IV Región Militar. Con este objetivo, entre 1926 y 1929 se remodeló por completo la fachada del paseo de Colón, de estilo neoclásico, obra de Adolf Florensa, así como los suntuosos salones interiores.En la actualidad, y tras la supresión de las Regiones Militares de España en 2002, alberga la Jefatura de la Inspección General del Ejército.

Y para terminar esta recorrida nos encontramos con el precioso monumento a Colón. El Monumento a Colón es un monolito erigido en reconocimiento a Cristóbal Colón, ubicado al sur de las Ramblas de la ciudad de Barcelona, uno de los paseos más representativos de la ciudad ubicado entre la Plaza de Cataluña y el antiguo puerto, más precisamente en la Plaza del Portal de la Pau. El monumento a Colón es obra del arquitecto español Gaietà Buïgas i Monravà. El monolito cuenta con una altura de 60 metros. y la estatua de Colón se erige sobre una columna de bronce de 7 metros de altitud realizada por el escultor Rafael Atché. El monumento cuenta con un mirador en la parte superior, justo a la altura de los pies de la estatua de Cristóbal Colón, al que se accede a través de un ascensor ubicado en el interior de la columna y desde donde se obtienen excelentes vistas de la ciudad.

Frente al monumento a Colón aparece el Museo Marítimo. El Museo Marítimo está situado dentro de los antiguos astilleros, testimonio de la importancia del comercio marítimo en la ciudad en la Edad Media. Llamados “Les Drassanes Reials”, se consideran los mayores arsenales navales de la época en el mundo (alrededor del siglo XIV).

Ahi nomas, en la plaza Portal de la Pau en la parte del distrito de Ciutat Vella que toca el Mediterráneo, hay un puente que cruza el puerto marítimo y permite llegar al centro comercial Maremagnum. Este puente es una prolongación moderna de La Rambla de Barcelona y recibe el nombre de La Rambla del Mar, que no debe confundirse con el Moll de la Fusta, aunque ambas forman parte del Port Vell. Se trata de un puente flotante que gira para dejar pasar a los barcos que entran y salen del puerto deportivo.

esde la Rambla de Mar disfrutaremos de una preciosa panorámica de la montaña de Montjuïc, desde la que sale el carricarril aéreo que cruza todo el puerto hasta la playa de San Sebatià. Dos torres metálicas, que dan mucha personalidad al puerto, sirven para hacer el camino del aéreo.

Cruzamos por el puente rumbo al shopping Maremagnum a refugiarnos de la intensa lluvia que caía en ese momento. Este singular centro comercial es especialmente conocido por su estratégica situación sobre el mar, lo que permite a sus visitantes disfrutar de unas magníficas vistas del frente marítimo de la ciudad. La oferta comercial del Maremagnum, así como la de restaurantes, es amplísima. Ésta incluye más de 50 establecimientos de moda, calzado, joyería, accesorios, decoración, tiendas de dulces, tecnología, juguetes y videojuegos que abren todos los días del año de 10 a 22h. Marcas nacionales e internacionales como H&M, MANGO, Jack&Jones, Lacoste, Swatch-Swarovski o Imaginarium están presentes en el centro, además del F.C. Barcelona, que cuenta con una tienda oficial. La oferta comercial del Maremagnum, así como la de restaurantes, es amplísima. Ésta incluye más de 50 establecimientos de moda, calzado, joyería, accesorios, decoración, tiendas de dulces, tecnología, juguetes y videojuegos que abren todos los días del año de 10 a 22h. Marcas nacionales e internacionales como H&M, MANGO, Jack&Jones, Lacoste, Swatch-Swarovski o Imaginarium están presentes en el centro, además del F.C. Barcelona, que cuenta con una tienda oficial.

Con la noche entrada y la lluvia bajando un poco la intensidad decidimos partir hacia el hogar dando por terminado tan intenso día donde Gaudí fue el gran protagonista y el mediterraneo nos dejó con las ganas. Así nos despedimos de la bella ciudad Condal ya que al día siguiente partíamos hacia una nueva belleza, la incomparable Sevilla.

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