Y finalmente llegó el día de despedirnos de esa urbe monumental llamada Barcelona. Nos quedaron muchas cosas por hacer ya que, lamentablemente, nos tocaron un par de días de lluvia intensa que obliga a cambiar planes y buscar refugio adentro.

Tempranito partimos hacia la estación de trenes Barcelona Sants para tomar el AVE rumbo a un nuevo destino. El elegido era Sevilla de la cual tenía muchísimas buenas referencias y un montón de intrigas. Pero antes de adentrarnos hay que llegar y por ello podemos hacer una pequeña reseña del viaje en esa impresionante maravilla de la modernidad llamado tren de alta velocidad.

En cuanto a la nave y a RENFE proveedora del servicio ya hablamos durante el viaje que hicimos desde Madrid a Barcelona. Pero en este caso lo que puedo referenciar es un poco el muy buen servicio de a bordo ya que en este viaje fuimos al salón comedor a buscar algunos refrigerios. Por otro lado la comodidad de la 2da clase permite no tener que desesperarse por buscar algun precio de oferta en primera 3 meses antes. Eso hizo que la decisión de ir a Sevilla surgiera ahi mismo en Barcelona, una vez que tuvimos claro que era definitivamente el próximo destino.

El recorrido en si es largo ya que el AVE hace el recorrido Barcelona-Madrid-Sevilla mucho mas largo a ir por la costa del mediterraneo(lamentablemente este circuito de vías no está preradado para los trenss de alta velocidad) Unas 6 horas después de salir llegamos a nuestro destino final en esta increíble belleza andaluza.

El final del recorrido del tren fue en la estación Sevilla Santa Justa que se se inauguró el 2 de mayo de 1991, tras unas obras que se iniciaron en 1987. Se encuentra en la Avenida Kansas City y es la principal estación de la ciudad de Sevilla estando situada en el límite del barrio de Nervión, muy cerca del estadio Ramón Sanchez Pizjuan. La zona se denominaba y se denomina Santa Justa y no responde a un barrio concreto, ya que era un zona de la ciudad no habitada y en la que había instalaciones ferroviarias de servicios, almacenes, depósito de maquinarias, etc. Es la tercera estación de España en volumen de viajeros, detrás de la estación de Atocha y la estación de Barcelona Sants, con un numero de viajeros, en 2010, cercano a los 8 millones anuales, de los cuales, alrededor de 2 millones se corresponden con el tráfico de cercanías.

 

Antes de comenzar el rodaje de este primer día hagamos una pequeñísma reseña de Sevilla para empezar a entenderla. A orillas del Guadalquivir se levanta esta hermosa ciudad, cuyos orígenes la sumergen en lo desconocido. Quizás tres mil años atrás nos situarían en el nacimiento de esta vieja urbe. Desde tartessos hasta nuestros días Sevilla ha sido romana, visigoda, musulmana y cristiana, así como un importante punto de confluencia de rutas marítimas y terrestres. Denominada Hispalis por los romanos e Isbiliya por los musulmanes, presenta hermosos testimonios de ambas culturas. Con el descubrimiento del Nuevo Mundo Sevilla se convierte en el puerto de salida y llegada de las naves que se aventuraban a la exploración y colonización de estas nuevas tierras, alcanzando con ello una importante economía mercantil. En la actualidad es una bella ciudad al sur de la Península Ibérica, distinguida por su privilegiado clima, el carácter acogedor de sus gentes, sus reconocidas Semana Santa y Feria, y por ser el santuario de la tauromaquia.

Salimos de la estación con mas dudas que certezas. A contramano de lo que hacemos habitualmente alquilamos el departamento un día antes de viajar lo que nos provocaba no saber como llegar al mismo mas que por instinto y alguna ayuda del google maps. Parece una tontera, pero esta parte del viaje fue siempre así, a puro instinto, como pocas veces lo hacemos,siempre sorprendidos por lo que veíamos y por lo que imaginábamos que veíamos, generando una gran duda.......volver a hacerlo así en viajes venideros.

Una vez en la calle, por la salida a Av. Kansas, la primera recepción y anuncio de que ya estamos en andalucía nos lo da el cartel de Sevilla en la Glorieta diputado Juan Manuel Barrios (Juan Manuel Barrios Jiménez fue un maestro y político socialista español, víctima de la represión del bando franquista durante la Guerra Civil y asesinado en Sevilla el 10 de Agosto de 1936).

Revisamos el GPS mental y nos dimos cuenta que para ir al departamento teniamos que ir por la otra salida donde tomamos la Calle Juan Antonio Cavestany rumbo sudoeste. Al llegar al cruce de esta calle con la Calle Luis Montoto hayamos la primera de muchísimas sorpresas históricas de esta ciudad tan Multicultural....el acueducto romano de Carmona. Actualmente, en Sevilla podemos ver tres tramos del antiguo acueducto que data de la época imperial romana en la que Julio César mandó amurallar la ciudad. Este acueducto se conoce como “Los caños de Carmona”, aunque el agua no procedía del municipio, sino del manantial de Santa Lucía en Alcalá de Guadaira. Sin embargo, el acueducto finalizaba en la puerta de Carmona y de ahí el nombre. Fue reconstruido por los almohades por primera vez en el año 1171 y 1172 debido al estado ruinoso en el que se encontraban. Más tarde, en el siglo XIII se llevaron a cabo reparaciones en las canalizaciones y los arcos. Y a finales del siglo XIV se reformaron añadiendo nuevos arcos. Nosotros vimos el segundo tramo de acueducto, como ya dijimos, el que se encuentra en la calle Luis Montoto, antigua calle Oriente. Esta era conocida Alcantarilla de las Madejas y adosado al acueducto, había un pequeño puente que permitía cruzar el arroyo Tagarete que discurría por aquí. Como curiosidad, en este tramo se puede vez un azulejo de la Virgen de las Madejas, la cual debe su nombre a un símbolo del NODO que se encontraba en ese hueco. Anteriormente había una escultura, pero fue robada de la hornacina y sustituida por el azulejo.

Seguimos por Luis Montoto en dirección noroeste donde pasamos por una Casa de gran importancia para la arquitectura modernista sevillana. La casa propia del arq. Simón Barris en Luis Montoto, de 1906. Simón Barris y Bes puede considerarse el arquitecto que en Sevilla mejor representa el modernismo de raigambre centroeuropea, lo que queda de manifiesto en la casa que vemos al pasar.

En la misma Luis Montoto, Aníbal González levantó en 1905 esta Casa plurifamiliar para Juan de la Rosa. En este caso se trata de unos edificios con unas dimensiones importantes de fachada lo que le facilita su labor compositiva y que en este caso se basa esencialmente en un cuidadoso trabajo de la fábrica de ladrillo visto.

Luego de dejar la calle Luis Montoto al cruzar la Av. Menendez de Pelayo, la primera se transforma en Calle San Esteban adentrándonos al famoso y bello distrito del Casco Histórico, mas precisamente en el barrio San Bartolomé. Históricamente, la judería de la ciudad de Sevilla ocupaba el actual barrio de San Bartolomé y barrio de Santa Cruz.

Adentrándonos tres cuadras por San Esteban nos encontramos con la Plaza de Pilatos que toma su nombre del Palacio de Pilatos que se encuentra en frente, del cual hablaremos mas adelante. De esta plaza se conoce que desde la segunda mitad del s. XVI es nombrada plaza del Marqués de Tarifa, imponiéndose a finales de siglo el de plaza o plazuela del Duque de Alcalá. Hasta 1764 se encuentran referencias documentales que la siguen denominando del Duque de Alcalá, pero ya desde 1754 se aluda a ella como la “plaza que llaman de Pilatos”, nombre que termina consagrándose a finales del XVIII.

En esta plaza tan importante para las recorridas a realizar en días venideros fue donde encontramos alojamiento. A traves de Booking reservamos un departamento en primer piso por escalera realmente precioso. Constaba de amplio living comedor con cocina integrada, dos cuartos uno de ellos en suite balcón y una decoración moderna alegre. Sumado a la localización, precio, calidad del lugar y que tenía servicios completos de toallas, cubiertos, sábanas, etc. podemos decir que fue un grandísimo acierto.

Despues de acomodar los bártulos decidimos ir a pasear y almorzar. Salimos a la Plaza de Pilatos y ahi nos encontramos con el Palacio que le da nombre a la plaza. Del Palacio de Pilatos hablaremos mas adelante, cuando lo visitemos por su interior. Solamente para dar una idea podemos decir que em realidad era el Palacio de los Adelantados Mayores de Andalucía, pero la voz popular lo convirtió en Casa de Pilatos, nombre que le viene heredado de una costumbre que estableció uno de sus moradores allá por el siglo XVI. Un Viacrucis, uno de los hitos del comienzo de la Semana Santa sevillana, que saliendo del Palacio llegaba hasta el Humilladero de la Cruz del Campo, y cuya distancia era la misma -aunque esto es una leyenda- que el camino que recorrió Jesús desde la casa de Poncio Pilato hasta el Calvario, para ser ejecutado.

Ya arrancando ahi nos damos cuenta que estamos en un lugar mágico. Esas callejuelas tan estrechas parecen exudar historia a cada paso que damos. Ahi en la plaza miramos hacia un lado y estaba la San Esteban, que habíamos transitado hacía un rato y donde vimos varios bares potables para almorzar. Para el otro lado se transformaba en la calle Aguilas bifucarndo con la Calle Caballerizas. Sin pensarlo mucho decidimos avanzar hacia el oeste en busca de nuevos lugares a conocer.

La calle Águilas de Sevilla es una vía urbana de recorrido no muy largo, que enlaza la Plaza de Pilatos con la calle Alfalfa, situada ya al pie de la plaza del mismo nombre. En su recorrido existen algunos edificios de alto valor arquitectónico como son el convento de Santa María de Jesús, la denominada Casa de las Águilas que da nombre a la calle, o la más moderna Casa José Manuel Borrego, situada frente a ella.

El Convento de Santa María de Jesús fundado en el año 1502 a instancias de Don Álvaro de Portugal, sus trazas se deben al arquitecto Pedro Díaz de Palacios. Se configura a partir de unas primeras casas particulares que forman el primitivo núcleo del covento que tiene como elemento fundamental un claustro al que se abren la iglesia, el refectorio, la sala capitular, la enfermería y los dormitorios. Al exterior muestra su portada, que cuenta con un hueco adintelado sobre el que se crea un frontón partido para situar en el centro una hermosa hornacina de casetones que incluye una imagen de la Virgen con el Niño, todo ello realizado en el año 1595 y atribuido al arquitecto y escultor Juan de Oviedo. Este convento tambien es llamado el Convento de San Pancracio, por albergar un retablo de este Santo que tiene una gran devoción en Sevilla acudiendo mucho público los lunes, día de culto a la imagen.

La Casa de las Aguilas data del siglo XVIII, de ahí su carácter barroco, aunque ha pasado por distintas reformas, las más importantes realizadas durante el siglo XIX. De ella lo más conocido es su noble fachada, construida en dos plantas de altura, dotada de una fuerte bicromía y planteada con una composición muy simétrica que centra toda su atención en una importante portada, que con las singulares esculturas de sus águilas junto al balcón en el cuerpo superior, dan nombre a la casa y también a toda la calle. Al interés arquitectónico y compositivo de esta casa hay que añadir además el correspondiente a los materiales empleados, tanto en revestimientos y pavimentos como en cerrajería y carpintería, así como en los valiosos artesonados que cubren algunas de sus dependencias

La Casa Manuel José Borrego se construye sobre una casa romántica edificada en la segunda mitad del siglo XIX a partir de un proyecto del arquitecto Mariano Rojas que fue admitido al célebre concurso de "Casa sevillana" convocado por el Ayuntamiento de la ciudad en el año 1912. Dotada de una interesante fachada, cuenta con bellos motivos decorativos pertenecientes a distintas tendencias estéticas, entre las que se encuentran estilos modernistas, regionalistas y la neoplaterescas. Esta mezcla intencionada de tendencias artísticas en la misma fachada hace que pueda calificarse éste como un edificio propio de la arquitectura ecléctica.

Unos metros mas allá entramos en la zona comercial de la Calle Aguilas. Lo primero que vemos es la Taberna Aguilas, un enclave gastronómico típico sevillano. Apenas terminada la calle Aguilas se continúa en la calle Alfalfa, donde primero, aparece la panadería La Alfalfa que puede salvar un almuerzo o cena (lo hizo varias veces) ya que ademas de pan se comporta como minimercado abierto hasta altas horas de la noche. Cerramos la pasada de la calle Alfalfa con otro bar típico y muy concurrido como es el Bar Alfalfa.

Finalmente ingresamos a la plaza Alfalfa. Este espacio era en la época romana el cruce entre las dos vías principales de la ciudad: el "Cardo Maximo" con un trazado de norte a sur, desde donde hoy se encuentra la iglesia de Santa Catalina hasta la actual calle Abades y el "Decumano Mayor" que con dirección este a oeste unía la antigua puerta de Carmona con la plaza del Salvador. En este lugar se hallaba el foro de la época imperial romana, un lugar donde se ubicaban templos, termas, edificaciones públicas y mercados. Durante la ocupación islámica este lugar era "la Alcaicer", el espacio en el que en las ciudades de Al-Andalus se autorizaba el comercio al por mayor. Con la reconquista el lugar fue utilizado como depósito de alimento de animales, en especial la alfalfa, por lo que se le llamó con ese nombre.

A partir de 1410 se implanta aquí un mercado de caza en el que se ponían a la venta productos obtenidos en las distintas partidas de caza que que tenían lugar en los alrededores de la ciudad. Aquí se llegó a comercializar todo tipo de animales de granja y también alguna de caza mayor, por lo que el lugar se empezó a conocer como "plaza de la Caza" hasta mediados del siglo XV, cuando fue llamada "plaza de Ensaladeros" por instalarse aquí mismo un mercado de verduras. Desde el siglo XVI se usó como almacén de la carne que llegaba a la ciudad, por lo que se convirtió en la Carnicería Mayor de Sevilla, desde donde se distribuía a los vendedores que luego la revendían a los ciudadanos, y así siguió hasta el año 1815 cuando a la venta de carne también se le añadió la de verduras, cereales y otros productos, comenzando a denominarse como "plaza del Boquete". La plaza tal como hoy se la conoce nació al derribarse en [1820] el gran edificio de las Carnicerías, edificado en 1545, y que era el matadero y principal abastecedor de carne de la ciudad.

Al desaparecer, la pequeña plaza del mercado del forraje y del vino que se encontraba en la zona entre Odreros y Huelva, se vió ampliamente agrandada, recibiendo el nombre de plaza de la Alfalfa. Desde el año 1852 se traslada a esta plaza un mercado de compra-venta de animales (mercado de la Alfalfa) por mandato del Ayuntamiento de Sevilla con la intención de evitar el peligro que suponía cruzar el puente de barcas para acudir al mismo, que antes estaba instalado en el barrio de Triana. El mercado se fue reduciendo, hasta convertirse en un mercadillo dominical de animales domésticos. Desapareció en el año 2005 a causa de la prohibición de la Comunidad Europea de agrupar animales en espacios libres, por el riesgo de contagio de la gripe aviar.

Actualmente es plaza de juegos infantiles y está rodeada de bares transformandose en la zona de reunión por excelencia de este lado del casco histórico y un perfecto punto de inicio para ingresar al barrio santa cruz. Nosotros aprovechamos para que Benito se relaje en los juegos y despues optamos por un exquisito almuerzo a puras tapas en el Bar Gran Tino.

Con la panza llena decidimos comenzar una pequeña recorrida por uno de los lugares mas lindos que ví en este viaje a la madre patria....el barrio de Santa Cruz. Santa Cruz es el barrio más famoso y visitado de Sevilla. Su localización en el extremo sudeste de la ciudad, pegado a los muros del Alcázar, rodeado por los monumentos principales de Sevilla y su características calles estrechas y románticas lo justifican. Es imposible resistirse al encanto de este barrio de callejuelas sinuosas, pintorescas casas encaladas, preciosos patios floridos apenas visibles y recoletas plazuelas. Están dispuestas de manera que los edificios impidan el paso de los rayos del sol, y la anchura que tienen era la justa para que pasara un burro con dos aljibes. Los múltiples bares, terrazas y pequeñas tiendas típicas añaden a su encanto.

Tiene su origen en la antigua Judería sevillana. Cuando el Rey Fernando III de Castilla conquista la ciudad, se concentró en Sevilla la más importante comunidad judía de España, segunda tras la de Toledo. Este barrio judío ocupaba lo que hoy son los barrios de Santa Cruz y de San Bartolomé. A pesar de la expulsión de los judíos en 1483, en estos dos barrios se mantuvo alguna población judía y musulmana. A finales del siglo XIX, Santa Cruz era un barrio cerrado, estrecho y foco de enfermedades, al que se le buscaba en vano alguna solución. Las ideas de José Laguillo y Juan Talavera Heredia, unidas al "renacer" de la ciudad con la preparación de la Exposición Iberoamericana de 1929 alcanzaron a reurbanizar el barrio, siendo su estado actual el fruto de esas iniciativas. El Mito de Don Juan, tuvo lugar en el Barrio Santa Cruz, al igual que gran parte de las historias del Barbero de Sevilla o Carmen.

Ingresamos al inmenso paseo de callejuelas y callejones a travez de la calle Alcaicería de la Loza. Desde el siglo IX en la calle Alcaicería de la Loza ya existía un lugar dominado por mercaderes en cuyas fachadas articulaban sus tiendas, que se extendían por toda la serpenteante y angosta calle, dándole fisonomía de centro comercial a Isbiliya, como se conocía por entonces a la ciudad. El término se relaciona con el emperador Justiniano que concedió el derecho al comercio de la seda a los pueblos árabes. Entre los árabes se llamaba qaysar al Cesar romano, tal palabra evolucionó hasta Al-qaysar y finalmente Alcaicería. Hasta el siglo XVII no se le añade la coletilla “de la loza”, en ello tuvo que ver los comercios que proliferaban por aquí, anteriormente recibió otros nombres: ollería, especieros, de los sederos, alcaicería baja, pero como se puede apreciar, siempre se ha relacionado con su carácter comercial.

Lo primero que nos llama la antención es la pastelería de los angelitos, que visitariamos mas tarde, y que deslumbra con su vidriera de dulces típicos y no tan típicos de la región. Unos metros mas allá destacan el bar Europa, uno de los más antiguos de la ciudad y el restaurante Sal Gorda, uno de los más novedosos de la ciudad, no solo por el poco tiempo que lleva funcionando sino por el esmero en ofrecer algo diferente, su carta y una interesante selección de vinos habla por ellos.

La calle Alcaicería de la Loza termina su recorrido en la plaza de Jesús de la Pasión. Desde hace un siglo consagrada con este nombre la plaza de Jesús de la Pasión es sin embargo, y aunque alude a una actividad ya desaparecida, conocida por los sevillanos como la plaza del Pan. Este mote data del siglo XVII cuando allí se daban cita numerosos puestos de venta de este producto que, por otra parte, provenía de las cercanas localidades de Alcalá de Guadaira y Mairena, principalmente. En la plaza del Pan destaca un edificio emblemático de la arqitectura regionalista sevillana. El conocido como Edificio Pedro Roldán fue una obra realizada según el proyecto de 1925 de José Espiau Muñoz, uno de los grandes arquitectos sevillanos de principios del siglo XX. erteneciente al denominado Estilo Regionalista, ésta es una de las obras más llamativas de su autor, que aprovecha la ubicación del edificio para hacer alarde de su enorme capacidad creativa. Su posición en esquina se hace resaltar con la ubicación en ella de una importante cúpula apuntada revestida de azulejos azules, azulejos que se distribuyen además por otras distintas partes de las fachadas, dando lugar a una vistosa combinación cromática, junto con el empleo del ladrillo rojo.

Al salir de la plaza optamos por ir por la calle Francos. El origen del nombre de esta tradicional calle sevillana que se extiende desde el Salvador hasta Placentines, no cabe buscarlo en el genitivo de sus vecinos galos, sino que debemos buscarlo en un privilegio otorgado por Fernando III a los comerciantes aquí alojados. Se desconoce si había segundas intenciones en la decisión del monarca. Por aquel entonces fue una forma de premiar a estos tenderos que solían abastecer a los soldados, por lo que Francos procede de estar exentos de pagar ciertos impuestos, es decir estaban francos de tributos. Los comercios que tradicionalmente se han asentado en esta calzada han sido exclusivos, intimistas, variados y muy cuidados. De alguna forma estos atributos persisten en muchos de los locales abiertos de la calle.

En el principio de la calle Francos, en cruce directo con la calle Villegas aparece La Despensa del Palacio, una panadería-chocolateria de la primera mitad del siglo XIX, que 250 años después es la única fábrica de chocolates que perdura en Andalucía y uno de los pocos obradores artesanos de España que partan de habas de cacao. Tambien podemos encontrar una joya, prendas de corsetería, distinguida ropa para niños, para ella y para él, trajes de flamenca, objetos de decoración, artículos de Semana Santa en la tienda de cordonería Alba.

No siempre ha sido tan larga como ahora, pues a mitad de la calzada existe un pequeño ensanche que provoca una desviación en su trazado rectilíneo y desemboca en un ensanche mayor hacía el final de la calle, esta parte se conocía bajo el nombre de Entalladores, por estar aquí ubicado este gremio artesanal. Posteriormente fue conocida por Imagen, adoptando el nombre de Plazuela del Silencio durante el siglo XVIII. Esta sugestiva denominación cabe explicarse porque allí se alojaba un retablo del Niño Jesús en brazos de la Virgen, y junto a ellos San José y varios ángeles solicitaban silencio colocándose el dedo en los labios.

Al terminar la calle Francos subimos hacia el este por la calle Argote de Molina, conocida como Cuesta del Bacalao. Este trazado se trata de un tramo de la calle Argote de Molina con Placentines, donde en tiempos se encontraba una tienda de ultramarinos («El Brillante») que se anunciaba con un gigantesco bacalao de madera. De ahí tomó su nombre popular, estrechamente ligado a la Semana Santa. Y está tan adentro de la fiesta mayor de Sevilla porque viene a ser la carrera oficial del regreso, por donde vuelve la mayoría de las hermandades tras abandonar la Catedral. Más de treinta. Y para mayor épica, entre las angostas calles de los aledaños del templo, remontando una de las dos únicas cuestas de Sevilla.

Desde la cueva del bacalao decidimos tomar la calle Placentines en dirección sur. Esta calle une la calle Francos con la plaza de la Virgen de los Reyes, siendo atravesada hacia la mitad de su recorrido por la calle Argote de Molina, y ya próxima a la plaza se le une la calle Alemanes. De trazado algo curvo y de un ancho irregular, con algunos tramos muy estrechos. Se encuentra flanqueada por edificios que son en su mayoría de carácter residencial y de dos y tres plantas de altura. Cuenta con numerosos establecimientos dedicados al pequeño comercio y a la hostelería, enfocado principalmente al turismo, en especial en el tramo más próximo a la catedral, desde donde la vista de la Giralda en toda su altura es espléndida. Esta calle debe su nombre al asentamiento en Sevilla de una colonia de ciudadanos de Piacenza (piacentines).

Ya saliendo de la estrechez de Placentines nos cruzamos con la calle Alemanes, lugar de salida de innumerables carruajes típicos de Sevilla para hacer un paseo distinto por el barrio. Tambien vemos levantarse, señorial, a la emblemática Giralda de Sevilla junto con el lateral de la imponente Catedral de Sevilla. Como ambas ameritan una visita completa y en este caso sólo le pasamos de costado sólo contaré que la Catedral de Sevilla es el mayor templo gótico del mundo y lugar donde descansan los restos de Cristobal Colón; la Giralda, por su parte, es una torre de unas dimensiones sin comparación para una construcción de su época (desde el siglo XII hasta el XVI). De hecho, fue durante mucho tiempo la edificación más alta del mundo (101 metros contando el Giraldillo, la preciosa veleta que la corona y uno de los símbolos de la ciudad). La Giralda es una perfecta simbiosis de diferentes estilos arquitectónicos, de diferentes civilizaciones, una torre que comienza siendo alminar y termina siendo campanario.

En esta esquina tan emblemática tambien podemos ver la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla , un lugar poco conocido incluso para los propios sevillanos, a pesar de estar situada en un lugar privilegiado de la ciudad. Ésta alberga un importante fondo bibliográfico antiguo, de distintas procecencias, destacando la biblioteca que fue de Hernando Colón. La Biblioteca Colombina tiene una larga historia marcada desde su comienzo por el testamento de Hernando Colón. En éste, el hijo del almirante se aseguraba de dejar a buen recaudo sus libros. El heredero debía ser su sobrino, pero éste no tenía interés por los miles de volúmenes. El siguiente en la lista era el Cabildo de la Catedral de Sevilla. Así fue como acabó la colección en su actual emplazamiento, ya que antes estaba situada en la casa de Hernando Colón muy cerca de la antigua Puerta Real. Entre los volúmenes más cotizados de la Biblioteca Colombina se encuentran tres incunables de un valor muy alto: La Gramática de Nebrija o Lebrija, los tratados del Ars Moriendi e Imago Mundi de Pierre d’Ailly. Cada uno con un origen distinto, pero todos de un alto interés a nivel mundial.

Avanzamos un poquito mas por la calle Placentines hasta que nos encontramos con la plaza de la Virgen de los Reyes de Sevilla. Es ésta una plaza de trazado irregular, de amplias proporciones y de un marcado carácter monumental, que aparece presidida por la catedral y la Giralda, ambas declaradas en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La Giralda, convertida en símbolo representativo de toda la ciudad, tiene desde aquí su acceso y su mejor visión de conjunto. El resto de este frente de la plaza lo constituye la cabecera de la catedral, donde se mezclan elementos góticos como la propia portada de los Palos, junto con otros renacentistas como es el ábside con el que se cierra la Capilla Real. Cerrando su frente contiguo aparece el Palacio Arzobispal, un espléndido edificio barroco que muestra a la plaza una de las mejores portadas en este estilo con que cuenta la ciudad. El siguiente frente lo cierran algunos de los edificios de tipo residencial que forman parte del comienzo de las calles que llegan hasta la plaza por ese lado. Y finalmente, el último frente lo ocupa casi en su totalidad el convento de la Encarnación, un edificio de líneas arquitectónicas en claro contraste con los anteriores, que abre la portada de su recoleta capilla en este frente. En el centro de la plaza se levanta una elegante fuente de piedra, de taza baja y perfil mixtilíneo, que se corona con una farola de forja de varios brazos y se remata con una pequeña cruz del mismo material.

El Palacio Arzobispal es el lugar de residencia de obispos y arzobispos, además de militares y nobles, en fechas actuales es donde tiene su residencia el cardenal de Sevilla. Tras la reconquista de Sevilla en 1248 son cedidas unas casas por el rey Fernando III El Santo al obispo de Segovia don Remondo para que se estableciese en la ciudad. A lo largo de los siglos aquél palacio se fue ampliando hasta que a mediados del siglo XVI una de las reformas lo deja con la estructura actual, alrededor de dos patios de estilo manierista, visibles tras la fachada barroca que cuenta con una de las mejores portadas creadas en este estilo en Sevilla. Durante la ocupación francesa de la ciudad fue usado como sede de la Comandancia General del Ejército y residencia del mariscal Soult y sus oficiales. Años después fueron los Duques de Montpensier, que estaban recién llegados a la ciudad, los que ocuparon sus estancias como vivienda ocasional mientras se realizaban obras en el Palacio de San Telmo.

El Convento de la Encarnación pertenece a las monjas Agustinas Ermitañas, cuya orden fuera fundada en el año 1591. En un principio esta comunidad se estableció en Sevilla en la actual plaza de la Encarnación, por lo que aún conserva su nombre, pasando posteriormente a tener su sede en este lugar. Se trata de un edificio de planta irregular que muestra su fachada principal a la plaza de la Virgen de los Reyes, por donde tienen su entrada el convento y la capilla. Esta última, de lo poco que se puede visitar del conjunto, es de reducidas dimensiones y cuenta con una sola nave cubierta por una bóveda de nervaduras góticas, y una cabecera que se cubre por una cúpula sobre trompas y que muestra al exterior de la plaza su revestimiento de cerámica vidriada y su linterna. Frente a su fachada se encuentra la estatua dedicada a Juan Pablo II. La estatua representa la casulla que usó Juan Pablo II en la beatificación de Sor Ángela de la Cruz el 5 de noviembre de 1982, portando el báculo apostólico y la otra está en actitud oferente, de entrega. La escultura ha sido realizada por el escultor, imaginero y catedrático de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla Juan Manuel Miñarro.

La Fuente-Farola de la Plaza Virgen de los Reyes de Sevilla, junto a la Catedral de Sevilla, es una de las más fotografiada cada día en Sevilla. Data de 1929 y su autor es José Lafita Díaz. Esta fuente consta en primer lugar de una gran alberca cuadrilobular, en cuyo centro se alza el vástago principal. Éste se caracteriza por sus perfiles sinuosos debido a las molduras, pilastras y relieves que lo configuran. En sus cuatro facetas se disponen mascarones que vierten el agua sobre grandes veneras. Se remata el conjunto con una farola de hierro fundido con cinco faroles y coronada con una cruz. Está realizada en mármoles blanco, negro y rojo de Alicante y piedra bateig.

Desde la Plaza Virgen de los Reyes de Sevilla salimos por la calle Don Remondo para hacer la recorrida mas linda que nos quedaba en el día. Raimundo de Losana nació en Segovia, no se conoce la fecha exacta. Don Remondo murió entre 1286 y 1288 en Sevilla. Son la misma persona al principio y al final de una vida para la historia como obispo de Segovia, arzobispo de Sevilla, y notario, consejero y confesor del rey Fernando III el Santo. A la muerte del monarca sirvió a su hijo Alfonso X el Sabio. Fue también el primer obispo de Sevilla y se dice que sus restos mortales aún se conservan en la Catedral.

Pasamos por el cruce de Don Remondo con la calle Cardenal Saez y Flores(donde un 30 de enero de 1998 se dió un violento atentado de la ETA),siguiendo por Don Remondo para llegar a la calle Segovia previo pasar por las puertas del Gran Luxe Hostel y el Fontecruz Sevilla Seises Hotel. En esta esquina nos maravillamos con los típicos azulejos andaluces de un patio exterior para, despues, continuar por Segovia hasta la intesección de ésta con la calle Abades y la calle Guzmán el Bueno. En este lugar aparece la Casa de los Pinelo. El edificio primitivo de la Casa de los Pinelo fue construido en el primer tercio del siglo XVI por el canónigo de la Catedral Diego Pinelo, descendiente de ricos comerciantes genoveses afincados en Sevilla desde la segunda mitad del siglo XV. Esta sección inicial se aprecia claramente desde el exterior, pues se muestra realizada con sillares de piedra caliza, en tanto que el resto está realizado con ladrillos cubiertos por revoque. Al estar cerrado solo pudimos ver el maravilloso patio andalúz interior y el curioso detalle de las ruedas de molino colocadas para proteger los muros del roce de los carruajes.

Unos pasos mas doblando por la calle Abades, y siempre dentro de la Casa de los Pinelo, aparece la Real Academia Sevillana de Buenas Letras que fue fundada en 1751 en la casa del sacerdote y catedrático Luis Germán y Ribón. Hubo dieciséis miembros fundadores, entre los cuales, además de Luis Germán y Ribón, estuvieron los sacerdotes Francisco Lasso de la Vega, José Ceballos, Diego Alejandro de Gálvez y José Narbona. Fue creada como una organización para el conocimiento y la divulgación, sobre todo en los distintos campos de las humanidades: historia, cronología, geografía, geohistoria, griego, latín, hebreo, lingüística, crítica literaria, filosofía y pedagogía. Fremte a ésta, una casa de departamentos nos regala otra vista maravillosa de lo que un patio andalúz representa para la arquitectura diaria sevillana.

Tomamos por la calle Guzman el Bueno en dirección sudeste. Caminando por la calle Guzmán el Bueno hacia la esquina con Mateos Gago, en el barrio de Santa Cruz de Sevilla, se percibe por la pendiente que estamos coronando la cota más alta del casco antiguo de esta trimilenaria ciudad. Aqui se establecieron los primeros habitantes de una ciudad que sigue viva desde entonces, cimentando cada casa nueva sobre las ruinas de la anterior, sin interrupción desde los tiempos de los fenicios, pasando por romanos, visigodos, islámicos y cristianos medievales hasta nuestros días. Guzmán el Bueno (Alonso Pérez de Guzmán, duque de Niebla) Noble castellano, origen de la casa ducal de Medina Sidonia (León, 1255 - Gaucín, Málaga, 1309). Participó en la conquista castellana de Tarifa (1292), plaza de la que fue nombrado alcaide (1293). Se distinguió en la defensa de la ciudad frente al asedio que le puso el sultán benimerín Ibn Ya'qub (o Abenjacob), al que se había unido el hermano del rey, el traidor infante Juan.

Mientras vamos bajando y viendo casas de antaño aparece la casa del limonero. Este inmueble está considerado en el estudio histórico que avala el proyecto como uno de los "mejores testimonios de la tipología de casa palacio sevillanas, ajustándose en líneas generales a un modelo tipológico que procede de los palacios islámicos. Se trata de una casa de al menos finales del siglo XIV, con documentación de algunos alfarjes y de restos de pavimentos de finales del XV". El mismo documento describe que con posterioridad se ejecutaron importantes reformas en los siglos XVI, XVII y XIX, quedando constancia de estas fechas en el dintel que figura en la puerta de entrada: 1560, 1654 y 1856. Mas adelante nos encontramos con la galería de arte Haurie. Fundada en 1975 en Sevilla, la Galería Haurie tiene como objetivo promocionar el Arte Contemporáneo tanto en pintura, como en escultura y obra gráfica. Es un referente en el panorama artístico de la ciudad.

En frente de la Galería Haurie, en el 10 de la calle Guzman el Bueno está el centro de educación infantil y hogar de San José de la Montaña, dentro de los restos de un viejo Palacio, la Casa de Olea. Este palacio guarda unas similitudes más que evidentes con el que el rey Pedro I mandó construir en el Real Alcázar. La vivienda cuenta con importantes transformaciones realizadas en los siglos XVI, XVIII y XIX, pero sus arcos de herradura, alfarjes, zócalos de azulejos, portadas o sus impresionantes yeserías, transportan al visitante a la Edad Media. La Casa de Olea cuenta con una organización típica de vivienda señorial sevillana de esta zona. Su construcción, como coinciden los historiadores, es algo posterior al Palacio Mudéjar del Alcázar, como explica el arquitecto Honorio Aguilar, experto en arquitectura mudéjar: "Parece ser que es de la segunda mitad del siglo XIV. De esta época quedan en la planta baja el gran salón, hoy convertido en capilla, y el dormitorio de las niñas. Posteriormente, se hacen reformas utilizando el lenguaje mudéjar".

La calle Guzman el Bueno desemboca en la calle Mateos Gago donde lo primero que vemos es la Parroquia de Santa Cruz. Originalmente la Parroquia de Santa Cruz se estableció en la sinagoga que ocupó el solar de la actual Plaza de Santa Cruz, derribada a principios del siglo XIX, en tiempos de la dominación francesa. A raíz de esos hechos, la parroquia se trasladó al convento desamortizado de los Clérigos Menores, tomando la advocación del "Espíritu Santo", siendo el resto del convento ocupado con un colegio. Las obras de este templo, una pequeña iglesia de tipo basilical de tres naves que inscribe su planta en un rectángulo, fueron realizadas entre los años 1665 y 1728; si bien su fachada, tal como hoy se puede ver, es obra del año 1929 que responde a un proyecto del arquitecto Juan Talavera. Situada entre medianeras, junto a unos edificios residenciales colindantes, su característica y esbelta espadaña de dos cuerpos de altura y situada en fachada es uno de los elementos arquitectónicos más singulares de la iglesia y de la propia calle. A ella solo presenta su estrecha fachada de los pies, que aparece presidida por una amplia portada de piedra oscura que enmarca en su centro un ancho hueco adintelado de acceso.

La calle Mateos Gago fue denominada desde antiguo como calle de la Borceguinería, por residir en ella el gremio de este oficio, fabricantes de zapatos y borceguíes, hasta el siglo XVIII. En 1893 se rotuló con su actual nombre de calle de Mateos Gago, honrando la memoria del catedrático sevillano, teólogo, sacerdote, profesor de la antigua Facultad de Teología de la Universidad de Sevilla, fundador de la Academia Sevillana de Estudios arqueológicos y canónigo de la catedral de Sevilla, Francisco Mateos Gago Fernández (1827-1890).

En 1890 nació en el número 21 de esta calle el historiador Santiago Montoto de Sedas, hijo del poeta y cronista de la ciudad Luis Montoto; en la fachada de la vivienda, una placa recuerda el acontecimiento. La calle era a principios del siglo XX una vía tortuosa y estrecha hasta el punto de impedir el tránsito rodado y el paso de cofradías por la misma. La entonces recién creada Hermandad de Santa Cruz (1904) tuvo que utilizar diversos recorridos alternativos para acceder desde su parroquia a la carrera oficial, ya que la salida resultaba imposible a través de esta calle, hasta su posterior remodelación. El trazado actual de la calle se debe a las obras de ensanche acometidas con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929, y desde ella puede admirarse una bella imagen de la torre de la Giralda.

Al llegar al final de Mateos Gago nos encontramos con el cruce con la calle calle Meson del Moro. Casa de las Conchas, ubicada en el número 26, también es obra del arquitecto Aníbal González, y se le conoce así por tener cubierta la fachada con unos elementos decorativos que se asemejan a conchas marinas. La calle fue bautizada asi a instancias de Don Diego de Guzmán,ya que a pedido de él el Procurador Mayor del Concejo sevillano D. Rodrigo de Arcos consigue en 1495 un privilegio de los propios Reyes Católicos según el cual se le concede en exclusiva el ofrecimiento de alojarse en esta zona a los moros que visiten la ciudad y lógicamente lo soliciten, de ahí el nombre.

En el número seis de la calle Mesón de Los Moros destaca el restaurante pizzería San Marcos, que conserva los baños moros mejor cuidados de la ciudad de Sevilla. Dichos baños fueron localizados y asimilados como comedor del local en su puesta a punto hace más de treinta años. En el número diez ya hace décadas en unos trabajos de restauración también aparecieron restos de estos baños antiquísimos.

Seguimos avanzando por la calle del Mesón del Moro, por cierto es una de las más lindas de la judería, Ahi nos encontramos con el Centro Cultural Flamenco y con su conocidísima Casa de la Guitarra. La Casa de la Guitarra es un famoso local donde tienen lugar los mejores espectáculos de flamenco de Sevilla. El edificio donde está ubicado se trata de una antigua casa del siglo XVIII. Cada día tienen cabida dos pases diferentes de una hora de duración cada uno: uno a las 19:30 y el siguiente a las 21:00 horas. Además, este negocio regentado por José Luis Postigo, guitarrista muy reconocido en el mundo del flamenco, ofrece la posibilidad de entrar gratuitamente al Museo de la Guitarra de Sevilla para contemplar su colección de guitarras.

Unos metros mas allá aparece uno de los mas típicos bares de tapas de Andalucía, el bar Casa Plácido. Este lugar mantiene el espíritu sevillano bajo una decoración muy típica andaluza, carteles de toros, jamones colgando, etc. Buenos tortillas,jampones crudos de bellota y montaditos son su especialidad. Y en frente una típica casa de recuerdos sevillanos, muy completa por cierto, que logró que compráramos varios souvenires incluyendo una mini guitarra flamenca para Benito.

Al final de la calle del Mesón del Moro se cruza la calle Ximenez de Enciso. Em esta esquina destaca la Pensión Vergara, una pensión que se montó en un antiguo convento del siglo XV íntegramente restaurado. En 10 pasos volvemos a girar esta vez en la Calle Santa Teresa. Recibe el nombre por la figura de Santa Teresa de Jesús, reformadora de la Orden Carmelitana y fundadora de las Carmelitas Descalzas. Estuvo en Sevilla, fundando su undécimo convento en 1576. Precisamente en esta calle se encuentra el Convento de San José, popularmente como “Convento de Las Teresas”, de las Carmelitas Descalzas.l Convento fue fundado por Santa Teresa de Jesús en el año de 1575, dándose la curiosa circunstancia que su fundadora no lo conoció. El convento no sigue los modelos carmelitas pero se ajusta el diseño del complejo sevillana judería y en 1603 las casas nuevas se añadieron a la anterior construcción. El edificio se terminó entre 1615 y 1618 y, a falta de otras modificaciones posteriores, se consagró en 1616.

Frente al convento hay que destacar la casa que fue de Bartolomé Esteban Murillo, hoy convertido en museo. Establecida en el mismo inmueble donde vivió sus últimos años de vida y donde tras un accidente (durante un trabajo que realizaba en Cádiz) murió el insigne pintor Bartolomé Esteban Murillo el año 1682. El edificio tiene dos plantas con un patio central con columnas, típico patio sevillano de los que se estilaba en la época. Se ha tratado de guardar cierta armonía con el ambiente del siglo XVII recreando aspectos de la casa de aquellos años como el dormitorio, el salón, la cocina, etc. La Casa Museo fue creada en el año 1972 aunque se inauguró en 1982, haciendo coincidir esta fecha con el bicentenario de su fallecimiento. Dentro del museo se exponían obras del pintor homenajeado. Unos pasos mas, pasamos por el Hostal Plaza Santa Cruz, un coqueto hostal de muy buena reputación, para terminar desembocando en la Plaza Santa Cruz.

Entramos en esta pequeña plaza con mucha historia. Antiguamente estuvo aquí la parroquia de la Santa Cruz, que daba nombre al barrio. La iglesia, de estilo mudéjar, aprovechó una de las tres sinagogas que había en la judería sevillana (las otras estuvieron en las actuales parroquias de San Bartolomé y Santa María la Blanca) y fue convertida en iglesia cristiana tras los sucesos de 1391. La iglesia estaba en estado ruinoso cuando fue derribada en 1811 por el gobierno de ocupación francés, que emprendió un plan de reurbanización de la ciudad. Del solar de la iglesia salió la actual plaza, y la parroquia se trasladó al antiguo convento de los Clérigos del Espíritu Santo, que es la actual Iglesia de Santa Cruz. Tres de las columnas de la sinagoga-iglesia se conservan en la calle de La Rábida, sustentando la gran reja que allí hay.

En 1921 se coloca en su centro su famosa Cruz de la Cerrajería. Este monumento es de 1692, obra del rejero Sebastián Conde, y en su origen estaba situado en la confluencia de las calles Sierpes y Cerrajería (de ahí su nombre). Debido a las molestias que causaba en la circulación fue desmontada y vuelta a montar en numerosas ocasiones, hasta que finalmente en el siglo XIX se llevó al Museo de Bellas Artes. En 1921, y con motivo de las reformas urbanísticas del barrio de Santa Cruz, se colocó definitivamente presidiendo el centro del jardín de esta plaza.

En esta plaza hay tres casas realizadas por Juan Talavera y Heredia: la casa que se encuentra haciendo esquina entre la plaza y la calle Santa Teresa, realizada entre 1919 y 1922, que es la sede del consulado de Francia; la casa del número 8, realizada en 1923, que fue una casa propia de este arquitecto; y otra casa realizada entre 1919 y 1922. En la plaza hay una lápida colocada por la Academia de Bellas Artes de Sevilla en 1858 que recuerda que en ese lugar, donde estuvo la primitiva iglesia de Santa Cruz, fueron enterrados los restos del pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo. Tambien podemos verel famoso Tablao Flamenco Los Gallos, que funciona desdee 1956 como un gran centro cultural flamenco.

Hay una puerta que atraviesa transversalmente los Jardines de Murillo y el paseo de Catalina de Rivera. Los Jardines de Murillo fueron cedidos en dos etapas a la ciudad. Antes eran parte de la huerta privada del Alcázar, pero fue cedido en primer lugar el Paseo de Catalina de Rivera para ayudar la comunicación en los nuevos barrios a extra muros que se crearon a finales del siglo XIX y la segunda cesión se hizo en 1911, terminando el espacio que hoy conocemos como Jardines de Murillo. Se creó un espacio público que se perfeccionó tal y como lo conocemos para la Exposición Iberoamericana del 29. A raíz de esta cesión, según vemos en la puerta, el generoso propietario de esta casa que se encuentra en las murallas de la ciudad, cede parte de la misma a la ciudad para crear una vía de acceso al nuevo parque desde el barrio de Santa Cruz.

Salimos de la Plaza Santa Cruz por la calle de Nicolas Antonio. La calle está dedicada al erudito y bibliógrafo sevillano del siglo XVII Nicolás Antonio, padre de la bibliografía hispánica. Esta calle se originó en 1911, al crearse los Jardines de Murillo por la cesión regia de unas huertas de los jardines de los Reales Alcázares. Los jardines de Murillo lindan al norte y oeste con las calles del barrio de Santa Cruz, al sur con los Reales Alcázares y al este con el paseo de Catalina de Ribera. Tiene una extensión de 8.500 m. El arquitecto municipal Juan Talavera y Heredia se encargó de diseñar la estructura de paseos y glorietas de estos jardines, y por ello se le comenzó a llamar "jardines de Talavera". En 1918, José Laguillo, director del diario El Liberal, propuso el cambio de nombre, dedicando los jardines al pintor Bartolomé Esteban Murillo.

Lo primero que vemos es la Escuela Infantil María Inmaculada, ubicada en los Jardines de Murillo y que nació fruto del interés de la República por dotar a la ciudad de una serie de equipamientos educativos básicos. Juan Talavera y Heredia remodela entre 1932 y 1937 unas antiguas cocheras del Real Alcázar que habían sido construidas por Gómez Millán unos años antes tras la apertura de la actual calle Antonio 'el Bailarín'. Gómez Millán ya había utilizado el hormigón armado en la estructura, siendo una de las primeras estructuras que se levantan en Sevilla con este material. Talavera adaptó el edificio, que se abre a una amplia zona ajardinada, colocando las aulas y un pequeño módulo de viviendas para los docentes.

Lo siguiente a ver es el Monumento a Colón. En 1921 se levanta el monumento a Colón de Sevilla como una idea de José Laguillo, que inició una suscripción popular para financiarlo. Participaron, gratuitamente, Juan Talavera y Heredia (proyecto y dirección, sus trazas son de 1917) y el escultor Lorenzo Coullaut Valera. Se le conoce popularmente como la fuente del león, por la escultura que corona el monumento. A los niños se les decía a la hora de la recogida que había que irse porque el león tenía que bajar a la fuente a beber. También se usa la chanza, cuando algún turista pregunta por dónde está Colón en el monumento, de decirle que a Colón se lo comió el león. En su momento se planteó la posibilidad de que las columnas corintias que lo componen fueran dos de las de los hallazgos romanos de la calle Mármoles, que soportarían una estatua del almirante, finalmente en su cima lo que se colocó fue un león al paso que sujetaba un globo terráqueo con su garra derecha; simbolizan las columnas de Hércules y en lo alto el imperio español. Tiene 23 metros de altura, a media altura de sus fustes, entre ambas columnas se encuentra representada una de las carabelas, con los nombres «Isabel y Fernando». En su base, rodeada por la fuente, figuran dos medallones, a un lado con la efigie de Cristóbal Colón y en el otro con el escudo de los Reyes Católicos.

Ya agotados de semejante caminata decidimos hacer una parada para tomar la merienda en la taberna La Auténtica del Sur en la esquina de la Av. de Menendez Pelayo y la calle Puerta de la Carne. Ya descansados comenzamos el derrotero por Menendez Pelayo hasta llegar a Puerta de Carmona y de ahi a casa. Larguísimo viaje que iniciamos en Barcelona y terminamos en un intenso recorrido por esa belleza única llamada Barrio Santa Cruz.

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